Altitud: 1.271,4 m.
Censo Habitantes: 308
Distancia de la capital: 120 Km.

Villanueva de AIcorón

 


 El lugar y sus gentes

 Sin haber entrado en él, aparece el pueblo alzado sobre un leve montículo que ocupa por entero. Es éste uno más de esos cuatro o seis pueblos arracimados que en cualquier latitud de la Provincia solemos encontrar dibujando las formas de un cerro. Villanueva, que goza de un término rico y en cientos de hectáreas repleto de bosque, queda en medio de un paraje árido y limpio; de un paraje que apenas se alegra con el ocre cobrizo de sus tejados, sirviendo como de tapadera uniforme a la recia construcción de tantas viviendas apiñadas sobre la curiosa sinuosidad en la que se levanta el pueblo. Muchas de las calles de Villanueva suben en pendiente a buscar el centro de la villa que coincide con la Plaza Mayor en lo más alto; con la plaza en donde se levanta el plano campanario de la iglesia de San Miguel y que, en el corto espacio de una década, hemos conocido adornada de tres maneras distintas: primero hubo un olmo; luego una fuente, bajo extraño monumento que en algo recordaba a los Cuatro Postes que más allá de las murallas vigilan desde la altura a la ciudad de Avila; y ahora una farola sobre pedestal. Abajo, en la Carretera, quedan los bares, el grupo escolar dedicado al académico José Luis Sampedro, y algunos otros servicios. Al otro lado, los montones blancos y las tierras de alrededor teñidas de caolín.

La piedra caliza con apariencia plana es sobre todo lo demás el material al uso en gran parte de las casas de Villanueva. Las portonas en arco, otra de las características que distinguen a muchos de los edificios. Calle Molina, calle Angostal calle del Toril, calle de los Huertos... En Villanueva de Alcorón las calles tienen nombre con mensaje.

Algunos hombres y mujeres del pueblo están reunidos al sol de la mañana en una de las esquinas de la plaza. Les llama la atención ver a un forastero que toma fotografías de la espadaña de la iglesia y de la fachada del ayuntamiento en un encuadre difícil. Cuando la fuente acolumnada que hubo antes, la plaza era quizás menos luminosa y esbelta, pero más fotogénica, qué duda cabe.

—¡Calle usted, hombre; calle usted! Aquello parecía un patíbulo de ajusticiar a las malas gentes.

Villanueva de Alcorón, aun a sabiendas de su condición de pueblo serrano, de temperaturas frías, y de una elevación sobre el nivel del mar muy próxima a los mil trescientos metros, vive de manera desahogada, gracias a los trabajos que de un modo fijo o temporal proporcionan a sus vecinos la fábrica del caolín y los pinares. El cultivo de cereales y las cosechas de patatas de secano, ayudan en parte a su economía.

Las buenas gentes de Villanueva cuentan y no acaban acerca de las costumbres autóctonas que se fueron al traste cuando vino la televisión y la gente se volvió más cómoda y hermética, menos participativa. Sólo en Semana Santa los hombres juegan -cada vez menos- al «calvo» se ponen en grupos de tres o de seis a cada lado, y tiran guijarros sobre un cuerno que antes colocan a cierta distancia de unos y de otros; el que acierta a darle tiene que cumplir lo que ha prometido antes de arrojar la piedra, que puede ser revolcarse por el suelo, beberse una jarra entera de garnacha, o dar cinco vueltas a la plaza corriendo alrededor.

¿ Lo de don Lucio García Lallana, lo sabe usted?

—Tengo idea; pero ahora no lo recuerdo.

—Pues era uno de aquí, que cuando fue joven se marchó a Madrid y estudió no sé cuántas carreras. Luego se dedicaba a examinarse por otros estudiantes cobrando buenas perras, y aprobaba siempre. Muchas veces se tuvo que disfrazar, para parecerse más al que le había hecho el encargo. Cuando lo descubrieron se vino a refugiar al pueblo. La Guardia Civil se presentó aquí a detenerlo un buen día, pero se les escapó en sus mismas narices, metido dentro de un carro de basura que sacaban de la casa. De basura de las caballerías, sabe usted.

La iglesia la han dejado prácticamente nueva después de los arreglos. Tiene la puerta abierta al final de una larga escalinata, desde donde se divisa el campo. La iglesia está limpia y ordenada en su interior. En el presbiterio, a mano derecha de donde está el altar mayor, aparecen, todas en línea, las imágenes de los cuatro evangelistas, y en lugar destacado la de San Miguel Arcángel, que es el titular de la parroquia.

La conversación con los hombres y con las mujeres de la plaza resulta amena. Son gentes conversadoras y amistosas que, dadas a contar, olvidan que al forastero le faltan más de cien kilómetros para llegar a casa y es la hora del medio día.

La historia

Tierra de Cuenca fue siempre Villanueva. Tras la reconquista de la zona en el siglo XII, quedó incluido en la jurisdicción y Común de Villa y Tierra de la ciudad de Cuenca, rigiéndose por su Fuero. En el XV fue dueño de este pueblo don Lope Vázquez de Acuna, a quien en 1462 se lo cedió, con vasallos y términos, el rey Enrique IV.

El patrimonio

En la plaza misma se alza la magnífica iglesia parroquial dedicada a San Miguel. Es obra del siglo XVII, de recio sillar y severo estilo arquitectónico, con ingreso al sur y una sola nave. En el presbiterio, elevado, aparece enterramiento muy deteriorado, con escudo nobiliario, de don Juan José Martínez de Rodrigo y Vergara, quien en este templo fundó una capellanía con el título del Santo Sepulcro. En esta misma Plaza Mayor aparece una vieja casa gótica, y por el pueblo surgen otras casonas con escudos nobiliarios, pudiendo asimismo contemplarse interesantes ejemplos de arquitectura popular rural, con edificios de gruesa mampostería caliza y jambajes y dinteles construidos con gruesos elementos pétreos.

Abundan en el término de Villanueva de Alcorón las simas y lugares donde practicar la espeleología, pues su terreno calizo es especialmente abundoso de formaciones kársticas. Una de sus más famosas simas es la de la «zapatilla», situada su entrada en una pradera rodeada de pinos, y con forma de gran catedral subterránea, a la que una escalera facilita su acceso.

En su entorno se ha construido un refugio y merenderos, que se ven muy frecuentados en el verano. Los bosques de pinos y los paisajes bravíos de sierra son un buen reclamo de Villanueva de Alcorón para asegurar un verano o etapa de vacaciones pleno de excursiones y descubrimientos paisajísticos.