Altitud: 1.122 m.
Censo Habitantes: 28
Distancia de la capital: 116 Km.

Turmiel


 El lugar y sus gentes FICHA
El pueblo de Turmiel es otro más de los pueblos de Guadalajara que cogen a trasmano, es decir, que uno debe plantearse el viaje exprofeso para ir a él. No está junto a carretera alguna de primer orden, aunque para los habitantes del Alto Señorío puede ser un lugar de paso, un pueblo de tránsito; pues lo tenemos ahí, junto a las corrientes del Mesa, apenas cruzar la torre vieja de la resinera de Anquela por el camino que sigue hasta Milmarcos.
En las pozas que antes de llegar a Turmiel se abren en el río, andan los pescadores bisoños a la busca del alevín sin demasiado éxito. Luego, las choperas, que a tramos siguen paralelas al cauce de las aguas, y al fin las primeras casas del pueblo. El antiguo Turmión aparecerá como asentado en las peñas, con su típico palomar colocado a modo de vigía por encima del último risco. Detrás los cerros limpios que preludian el páramo, grises de aliaga y de tomillo, de piedra teñida de oscuro con la pátina de muchos siglos.
Cuando llego a sus aledaños encuentro al pueblo dormido. En realidad es ésta la primera tarde de abril que invita a dar una cabezadilla a la hora de la siesta. Se ven algunas viviendas con sabor a siglos, recios edificios de piedra y gruesa pared, ostentosos, como el marcado con el número 13 en la calle Mayor, es decir, de la carretera, que en mucho nos recuerda aquellas ventas de las que nos dejaron cumplida noticia los autores del pasado siglo.
Una señora, delantera en edad, se tuesta las piernas al sol junto a un coche con matrícula francesa. Por la pista del juego de pelota se pasea un perrillo color canela. Uno siente la tentación de subirse a otear el panorama desde los riscos que sostienen el palomar por detrás del pueblo. Desde la risquera de piedra viva se contempla sereno, silencioso, el pequeño grupo de viviendas que conforman al pueblecito de Turmiel, con sus tejados de un ocre sanguino. Al otro lado, el cauce rumoroso del río Mesa, con sus heredades chiquitas, tantas de ellas sin cultivar, que tiene sobre ambas márgenes, despensa que debió de ser de muchas generaciones cuando el pueblo contaba, de hecho y de derecho, con un censo por encima de las doscientas almas.
He pasado después junto a lo que fue casona sc» lar de don Toribio López Vigil, magnate del presente siglo, y del que me contaron que llegó a ser dueño y señor de casi todo el pueblo; pues llegó a reunir hasta diez yuntas de labor y una docena de criados.
La iglesia es sencilla en extremo; tiene dos naves en su interior y una capilla lateral dedicada al Santo Cristo bajo cúpula de nervaduras. Patrón y copatrón son San Pascual y San Roque, con fiesta conjunta en los días 16 y 17 del mes de agosto.
El río Seco, junto a las eras, hace honor a su nombre, aunque no siempre es así; pues dicen que cuando llueve de tormenta suele bajar a punto de desbordarse.
La historia
De remoto origen, pues en su término se han encontrado importantes yacimientos arqueológicos. En un principio, y tras la reconquista de la zona, quedó enclavado este lugar en el territorio correspondiente al Señorío y Común de tierras de Molina, pero pronto pasó a la jurisdicción de alfoz o Común de Medinaceli, y desde el siglo XV se mantuvo en el señorío de los la Cerda y en su ducado. Sin embargo, siempre fue lugar fronterizo con el señorío molinés, hasta el punto de que río Mesa arriba, en su término, se encuentra el despoblado de Pálmaces, junto a la ermita de la Virgen del Rosario: en ese lugar quedan restos de antigua torre, y fue término perteneciente al Común de Molina, uno de sus bastiones fronterizos y vigías, en la orilla derecha del río Mesa.
El patrimonio
Sobre un roquedal al sur del pueblo se ve un palomar que ocupa el lugar donde antiguamente una torre-vigía protegía el lugar, también fronterizo para los Medinaceli. La iglesia parroquial es obra sencilla del siglo XVI o siguiente, con bella espadaña de delicadas formas en su remate, y sencilla portada de adovelado arco semicircular.
En su término se encuentran las ruinas de una torre magnífica, llamada «la Torrecilla», que fue también importante bastión fronterizo y vigía del Señorío molinés.