TORREMOCHUELA
EL PORQUÉ DEL NOMBRE
TORREMOCHUELA
Si
leemos el artículo publicado en “ Nueva Alcarria ”,
con fecha 9 de Julio de 1993 y titulado “Molina,
unida a Castilla desde hace siete siglos”, nos daremos cuenta de que el
nombre de nuestro pueblo, viene de muy antiguo.

Cuenta Juan Carlos Esteban, autor
de dicho artículo, que Molina tuvo que ser repoblada tras la muerte de Doña
Blanca, última señora de este estado
independiente. El diez de Mayo de 1293 la doliente doña Blanca, postrada
en su lecho, otorgaba testamento dando, muy a su pesar, El señorío de Molina al rey castellano, formando parte así de
Castilla y dejando de ser un estado independiente. En aquel momento Molina fue
repoblada:
“Dotada la villa de ilustre
castillo, la repoblación de la tierra se hizo a través de torres fortificadas,
en cuyos alrededores se asentaban chozas y chamizos. Así lo denotan los
topónimos de las aldeas más cercanas a Molina, que tuvieron origen en torno a
pequeños castillos (Castilnuevo, Castellar, Castellote), cubos
(Cubillejo del Sitio, Cubillejo de la Sierra, Cobeta) y torres
(Torremocha, Torremochuela,
Torrecuadrada, Torrubia...)”
”MOLINA UNIDA A CASTILLA DESDE HACE SIETE SIGLOS”
“Nueva Alcarria” 9-VII-1993Cabe destacar del nombre de nuestro pueblo, que es un nombre
compuesto de dos palabras: Torre, del que ya hemos explicado su origen;
y Mochuela, a saber:
Al buscar en cualquier
diccionario de la lengua española la palabra “mocho” o “mocha” obtendremos como
respuesta que es una palabra sinónima de “chata”, “menuda”, “pequeña” o
“despuntada”. Y teniendo en cuenta los diminutivos propios de la época (Véase “Alde-huela” como aldea pequeña) tendremos que
deducir que “moch-uela”
es “mocha pequeña”, es decir, más que pequeña. Ese adjetivo hace referencia a
la torre, de tal manera que Torremochuela es igual a Torre pequeñita.
Claro está que hace 700 años difícilmente podía referirse a la torre de la
iglesia actual, por lo tanto, es lógico pensar que en un momento lejano de la
historia hubo en Torremochuela, una torre que los habitantes de entonces
consideraban mocha.

Poesia
Torremochuela,
pueblo tendido sobre una
loma,
al pie de un monte bajo de encinas.
Entre caminos, retazos
verdes, retazos pardos,
rastrojos ocres en los sembrados.
Por la chopera del lavadero
subo a mi pueblo
y entro en sus calles por la Calleja.
Llego hasta el Charco,
allí las viejas casas de
siempre
me abren sus puertas.
El frontón alza su ancha
figura,
nada perturba su sombra
amable,
nada se mueve,
sólo una leve luz de añoranza.
Detrás el judas, en Semana
Santa
arde con llamas que
sobrecogen
entre los sones de las carracas.
Alzo los ojos hacia la iglesia
y veo la torre,
torre que sueña
mocha y alzada
sobre la cuesta.
Guardan los ojos de sus
campanas tantas miradas.
Llaman las voces de sus badajos
con tantos sones de duelo y fiesta...
... Y aquí me siento, sólo
un momento
bajo una sombra que ya no existe.
Olmo perdido,
rueda del olmo de mi niñez.
Cuántas tertulias
cobijarías
en los domingos, después de
misa
y cuántos juegos al
anochecer:
el corro, el toro y el
escondite,
cuentos de miedo, el sacamantecas
y aquel mochuelo
sobrevolando nuestras
cabezas
Y luego subo los escalones
de losas planas, de toscas
piedras
y los guijarros del empedrado junto a la iglesia.
Recorro todos los
callejones,
miro los poyos, junto a las
puertas
donde las viejas
siguen cosiendo los
calcetines
en el rescoldo del sol de invierno.
Se oyen cencerros
por los rastrojos de las afueras.
Mañana llueve, se pone
oscuro
por Cañavisque.
Viene a lo lejos, sobre una
mula
el alma ingenua de la Matilde.
Por las esquinas
hablan los hombres cosas
más serias:
Como no llueva
“quisió”
como andará la cosecha.
En los sembrados
el trigo apunta sus verdes flechas.
Ya en la Torrialda, veo la fuente,
verdín y grietas junto a los caños.
Cuántas botijas, cuántos
calderos,
cuántos requiebros,
mozos y mozas por el sendero.
Y luego el monte
con sus chaparros verdes y
grises
y las sabinas sobre las lomas.
Las Majadillas,
sus parideras ya derruidas
y los pajares junto a las eras...
Esto nos queda de tu
existencia
Torremochuela, pueblo dormido.
abres los ojos cada verano
y en cada Agosto nos reconoces
viendo los rasgos de nuestros hijos.
Que ellos te guarden en su
memoria
por las ciudades y por los siglos.
Tirsa Caja Herranz