Altitud: 1.309m.
Censo Habitantes: 32
Distancia de la capital: 141 Km.

Tordelpalo


 El lugar y sus gentes

Las tierras de la cerca del lavadero están de un verde encendido y el viento juega a hacer olas sobre la superficie sin final de los sembrados. En el campo de la cerca todo se ve como reventando de vitalidad. La fuente, en cambio, corre solitaria y mortecina en su doble salida por el muro de piedra, rumorosa, y queda, sin que nadie la mire, perdiendo su caudal luego de atravesar por donde la alberca, en busca del arroyo que se cuela entre la hilera de chopos.
El pueblo de Tordelpalo queda justamente detrás, en la otra cara del leve montículo que culmina con el depósito del agua. En el aprisco de las eras se lamenta el corderillo hambriento, acabado de nacer. No he visto a nadie por las calles. Tampoco sé si en Tordelpalo hay mucha gente en este final del verano; supongo que sí, pero en todo caso será una población exigua, de sedimento, la escasa población que se resistió a dejar sus lares cuando la desbandada de los años sesenta. Siempre, claro esta, con el aliciente en favor de su proximidad a Molina.
Tordelpalo tiene desde las eras la estampa de un pueblo oscurecido por el pasar de los años, serio y venerable. Lo he recorrido de extremo a extremo sin encontrar a mi paso, ni para bien ni para mal, una sola alma. Desde los altos del depósito se ven pasar, a tiro de piedra, los coches que vienen y van por la carretera de Teruel. Lejos se divisan los picachos roquedos de la Sierra de Caldereros, donde se sostiene erguido y en parte rehecho el castillo de Zafra. En otra dirección, ahora mirando a las puestas del sol, las torres del castillo de Molina en la vertiente, como punto final a los rastrojos, a las tierras baldías y a las barbecheras.
La espadaña de la iglesia, la plaza, la recia casona con portada en arco del ayuntamiento, todo es antiguo, callado, evocador de tiempos mejores. Las calles, no obstante, se ven limpias y bien pavimentadas algunas de ellas. Al cabo de un rato siento en las inmediaciones de la plaza el ruido de un tractor, y veo a un muchacho vestido con mono azul que lo conduce. Canta el gallo junto a los muros del cementerio. El cementerio de Tordelpalo, al lado de cuyo viejo tapial se ha de pasar a la entrada y a la salida del pueblo necesariamente, tiene una piedra dintel con una inscripción bien legible. Por debajo de la calavera y de las dos tibias cruzadas que lo adornan, está escrito: "Nemini parco. Como te ves yo me vi, como me ves te verás, si ruegas a Dios por mí, en el cielo lo hallarás. Año de 1868". La leyenda está grabada, como por la fecha no es difícil imaginar, en pleno apogeo del movimiento romántico. Las alegorías y el contenido del texto tampoco nos invitan a ponerlo en duda.
Tuvo el pueblo su fiesta mayor en la Octava del Corpus, pero se cambió a mediados de agosto a fin de hacer más fácil la asistencia a los que viven fuera.

La historia

En la sesma del Pedregal, sobre una loma rocosa, amparado en elevado cerro que tuvo en siglos remotos un torreón vigía o de defensa, de donde le deriva el nombre actual al poblado. Su origen es claramente de la época de la repoblación, del siglo XII, y nunca tuvo efemérides señaladas, por lo que hoy su aspecto es de escueto caserío, escaso en habitantes. La habitaron en los siglos medios la familia de los Cienfuegos, dueña de casi todo el término, aunque sin ostentar señorío alguno sobre el mismo.

El patrimonio

Destacan entre sus edificios los mínimos restos de su torreón en lo alto del cerro que le protege. La iglesia parroquial preside la plaza del pueblo; es un edificio de sencillez suma, con pequeño atrio porticado sujeto por arco semicircular con el borde cuajado de entalladuras, bolas y picos. El interior es de una sola nave, y en ella destaca el altar o retablo mayor, con otros laterales, todo en un estilo barroco popular, con muchas imágenes, pero sin mérito. Es curiosa la puerta del cementerio, en cuyo dintel aparecen talladas antiguas inscripciones, frases alusivas a la muerte, emblemas de lo mismo (cruces, calaveras, tibias, etc.). En las afueras del pueblo la casona de los Cienfuegos, típicamente molinesa, con arco central semicircular adovelado, y dos grandes escudos laterales.