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Altitud: 1.219 m. |
Selas |
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El lugar y sus gentes
El pueblo de Selas es por su situación un lugar de paso. Queda ligeramente apartado de la carretera cuando se viaja hacia Molina. Nos llaman la atención en la media distancia sus torres ancladas entre las casas con un lejano rusticismo, pero seguimos carretera adelante y al pueblo lo dejamos ahí, como aparcado encima del pequeño altozano sobre el que asienta. Hoy, en cambio, vamos a dedicarle toda nuestra atención, el viaje será distinto; nos quedaremos allí a revivir recuerdos de algún otro viaje en tiempos todavía no lejanos, pero que bien vale la pena recordar.
Debió de ser un gran pueblo éste de Selas; así quedó escrito en los tratados de otro siglo, y así nos lo dan a entender con su elegancia y empaque bien a la vista, las viviendas de aquella época que todavía se conservan, y que uno sabe muy bien suelen ser un testimonio inequívoco de lo que fue su pasado.
Solas, que tantas veces miramos distraidamente al pasar, con sus casas recogidas en torno a la torre del Reloj, se solea junto a la florida vega en donde apunta el girasol y se dan el árbol frutal y las hortalizas, en otro tiempo de reconocida nombradía. Tiene el pueblo a la vega como vecina; una vega llana, abierta, tapizada de verdes en donde afloran de la fuente de Valderrey las primeras aguas del río Mesa, del mítico Mesa molinos, antes de cambiar definitivamente su rumbo en los bajos de Anquela y partir hacia su destino aragonés por Mochales, Villel, y el Algar fronterizo al que cruza muy de cerca en sonoras y bellísimas cascadas.
A Selas se entra por un paseo que desde la carretera comunica con las primeras casas. Las antiguas escuelas hablan de su paulatina, pero definitiva decadencia, por cuanto a población de hecho se refiere. Se ve que las escuelas están cerradas desde hace tiempo, porque no hay niños que asistan a ellas. Conserva el pueblo, en cambio, casi intocable, o incluso mejorada quizás, la galanuara que debió tener en sus mejores tiempos, en aquellos de los que nos habla la piedra de sus nobles edificios, siempre a la par de un apellido ilustre. La plaza es sombría y hasta con cierto lujo.
Calle arriba se alcanzan a ver sobre las antiguas fachadas algunos escudos de piedra. Hay una calle empedrada de guijarros que sube junto al frontón de pelota hacia el estupendo juego de silleria de la iglesia y hacia la torre del Reloj algo más adelante. La torre del Reloj no es el monumento principal que tiene Selas, pues lo es la iglesia, naturalmente, pero si el más característico y tal vez el que mejor lo distinga. En la cara del saliente, situada por encima de la única puerta de entrada que tiene la torre, hay una hornacina chiquita con la imagen, pequeña también, de Santa Bárbara. A esta santa mártir se le guarda una veneración especial en el pueblo de Selas. No es su patrona, título que ostenta desde tiempo inmemorial la Virgen de la Minena; pero si que en su dia -quiero recordar el cuatro de diciembre- los hombres suelen reunirse a comer sardinas arenques y a beber vino; una costumbre que impusieron los panaderos del pueblo para invitar a sus clientes, pero que ahora, y en su defecto por no quedar panadero alguno en Selas, se continúa celebrando a expensas del ayuntamiento.
Una de las prerrogativas que los municipios vecinos atribuyen a Selas es la de ser un pueblo Sestero. Tal vez lo fuera más hace veinticinco años, treinta quizás, cuando triplicaba en número de habitantes a los que ahora figuran en su censo. Las fiestas agosteñas de San Roque son las que cuentan con una participación de público mayor; pero el fenor del vecindario, fruto de años y de siglos, se enciende en la festividad de la Virgen de la Minerva? que cada año tiene lugar al día siguiente a la festividad del Corpus Christi, con inspirados gozos e instantes de emoción colectiva en la despedida de la imagen de su Patrona. Más de cuatro siglos hace ya que en el pueblo tienen a la Virgen de la Minerva por Señora. Fue el Papa Gregorio XIII quien otorgó una bula especial para la veneración de la sagrada imagen hace más de cuatro siglos, en el año 1578; desde entonces y de manera ininterrumpida se ha venido celebrando el acontecimiento al que se suman los nativos y oriundos, residentes o no, allá a las puertas del verano.
Al salir del pueblo, uno se da cuenta de que en sus alrededores abundan el robledillo y el matorral de marojo como especies más destacadas, por encima del sabinar tan propio de las laderas molinesas en algunos de los términos que le sisen de limite. El pino resinero queda al otro lado, más al mediodía. Del producto y explotación de aquellos pinos vivieron éste y otros pueblos más durante mucho tiempo, un tema de conversación que siempre surge al entrar en la comarca. Los hombres y mujeres de más edad, protagonistas que fueron de aquellos tiempos y vieron florecer los municipios a costa de su trabajo, hablan de ello con nostalgia, recordando -dicen- los años de juventud donde todos sin excepción eran pueblos rebosantes de vitalidad, con fundadas esperanzas en lo que pudiera venir después.
La historia
En la vertiente del Ebro, y sesma del Sabinar del Señorío de Molina, Selas ya aparece en el testamento de la señora doña Blanca de Lara, a finales del siglo XIII. Continuó después plenamente incluido en el Común de Villa y Tierra molinés, poseyendo en los siglos medios una gran parte de su territorio las monjas de Buenafuente.
El patrimonio
Tiene Selas unas bien cuidadas calles, con amplia plaza en la parte baja, y otra más reducida frente a la iglesia Varias fuentes y casonas de recia textura, todas de piedra con sillería en las esquinas y el dovelaje de sus portones. En una de las plazas luce el tallado blasón de algún hidalgo.
La iglesia Parroquial está dedicada a la Virgen de Minerva, patrona del pueblo. Se celebra su fiesta el día siguiente del Corpus. Fue instituida su Cofradía, lo mismo que la del Santísimo, en 1570. Y poco después, Gregorio XIII Papa, en 1578, concedió Bula con indulgencias y privilegios para los devotos de esta Virgen. En el altar mayor de esta iglesia, ocupando todo el fondo del presbiterio, y que consta de gran retablo barroco, popular, aparece en su hornacina central una Virgen de época indefinida,
revestida de mantos y telas La rodean varios lienzos con pinturas de El Buen Pastor, San Francisco de Borja, San Isidro Labrador y San Pascual Bailón. Sobre la Virgen, un Calvario de talla. En una leyenda que se ve en la predela, pone lo siguiente: «Doró este retablo de limosna el onrrado concexo de Selas, siendo cura el Lcd° D. Francisco Sanz López y Regidores Joseph Bermexo y Franc° Nobella y Maiordomo Juan Fernandez Año de 1699».
De esta misma época, barrocos, son otros dos altares más pequeños que ocupan los brazos del crucero. En el lado del Evangelio se ve altar con talla de la Virgen del Rosario y pinturas dedicadas a Santo Tomás de Aquino y Santo Domingo de Guzmán En el lado de la Epístola, otro altar con pinturas bastante aceptables, representando en el centro la Epifanía, y el Calvario en el remate, y a los lados figuras de San Francisco, San Antón, San Juan Bautista y San Pedro, éste con el retrato de un joven donante, arrodillado, a sus pies. En la nave de la Epístola aparece el mejor retablo de la parroquia, obra de comienzos del siglo XVI, con tablas de extraordinaria factura, algunas de las cuales representan el Calvario, Santa Catalina de Alejandría, Santa Agueda, Santa Inés y San Cristóbal. Por lo demás, el templo parroquial de Selas sólo muestra de interesante un buen artesonado del siglo XVII cubriendo las tres naves de que consta. Al exterior, recios muros, puerta de sencilla línea, bajo atrio y gran espadaña, todo ello construido a finales del siglo XVI.