Altitud: 1.181 m.
Censo Habitantes: 67
Distancia de la capital: 170 Km.

Pardos


 El lugar y sus gentes

Cuando el abuelo Dionisio, don Dionisio Acero Heredia, me explicó que el olmo de bajo el campanario tenía la vida muy corta, que quizás tan corta como su propia vida, pienso que tenía razón. Hoy se conserva el tronco voluminoso, seco, del olmo concejil que en el viaje anterior nos dio sombra bajo su rama enferma, mientras que del abuelo Dionisio, ochenta y cinco años por entonces y enfermo de bronquios, es posible que sólo quede en Pardos su recuerdo y el dolor de su familia; no lo sé, pero si es así, me uno al pesar de los suyos. Hace ahora catorce años que no vuelvo, y el pueblo parece otro.
La imponente mole parroquial de la iglesia de Santo Domingo de Silos destaca en la distancia. Poco antes el cementerio, la ermita, el cauce exangúe de un arroyo seguido en sus márgenes por arbolillos desnudos, y enseguida los primeros almacenes, las primeras casas.
Ha cambiado mucho el pueblo de Pardos durante los últimos años. Las calles se ven arregladas, hay algunas casas nuevas y otras en obras. Uno piensa que con buen criterio por su parte y un encomiable sentido de responsabilidad con su propio pasado, los dueños de estas viviendas de aspecto señorial, que a menudo aparecen al andar por las calles de Pardos, se limitan a adecentarías sin que la paleta del restaurador hiera en lo más mínimo su hidalgo aspecto.
Fue Pardos un pueblo de honrados labradores y ganaderos cuando sus casas estaban llenas de público, gentes laboriosas y entendidas como los que más en el difícil arte de trabajar los huertos, y que vieron los más viejos del lugar es posible que todavía lo recuerden como se fue cerrando la mina Estrella, y desapareciendo a perpetuidad todo aquel complejo de extracción de plata que, desde allí mismo, salía con destino al mundo convertida en lingotes.
Se dora el sol al mediodía por el Cerro Gordo, más alto aún que su vecino de la Cabeza del Cid que tienen en Hinojosa. Con sus 1350 metros de altura en la cumbre, aseguran en el pueblo que es el cerro más alto de todo el contorno.
A pesar de su modestia, como pueblo escondido y con escaso número de habitantes, la villa dio al mundo y a la Historia una serie de hijos ilustres de los que es probable que muy pocos, aun contando con la mayor parte de los que allí viven, tengan apenas una remota referencia. En la villa de Pardos nació don Antonio Vela, catedrático que fue en vida y director del Observatorio Meteorológico de Madrid; y don Nemesio Martínez, jefe de aduanas, asesinado al poco de estallar en España la guerra civil del treinta y seis. Nombres que son silencio, como las viejas piedras del campanario, detalle visual que al cabo del tiempo sigue grabado en la memoria.

La historia

El color de este pueblo recuerda el nombre que posee. En su término existen buenas minas de plata, de cobre y de cristal de roca, así como de hierro. Las primeras de ellas fueron explotadas en la antigüedad, y en el siglo XVIII por el italiano Garrachupati. Hoy está totalmente paralizada la industria extractiva en Pardos, y el pueblo, sólo nutrido de su agricultura escasa, agoniza lentamente como la mayoría de los de su comarca. Perteneció siempre en calidad de aldea al Común del Señorío de Molina, y nada relevante ocurrió en él a lo largo de los siglos.

El patrimonio

Posee una sencilla iglesia parroquial de muros lisos y de sillas y sillarejo, con espadaña a poniente y una puerta de entrada con decoración geométrica claramente manierista, obra del siglo XVII, en que todo el templo fue reconstruido y renovado. Al interior, escasos retablos barrocos sin interés.