Altitud: 1.416 m.
Censo Habitantes: 29
Distancia de la capital: 194 Km.

Motos


 El lugar y sus gentes

El pueblo de Motos, no bien visto en los anales de la historia de la comarca debido a la presencia hace ahora cinco siglos de un malvado caballero que anduvo por allí, se solaza al pie del cerro del castillo que domina desde los más alto la ermita de los santos Fabián y Sebastián. Un pairón pintado de blanco advierte antes de haber llegado al pueblo que estamos en tierras de Molina. Poco más adelante, otro pairón, éste pintado de blanco y de negro en franjas paralelas, se alza a mano derecha junto a la carretera, frente a la balsa que rodean algunos árboles de gran tamaño y no lejos de la fuente vieja. Dentro de una de las dos hornacinas protegidas con cristal hay escrito un nombre de varón: J. Antonio López Martínez; dentro de la otra se distingue una pequeña imagen de San José con el Niño en los brazos. La Plaza Mayor, no muy grande, queda cerca del magnifico edificio parroquial de la iglesia de San Pedro. Tiene la plaza en mitad una fuente con pilón que fue construida en 1940. Hoy, según he podido ver en mi último viaje, la fuente de la plaza queda fuera de todo servicio. Son frecuentes en Motos las portonas con arco adovelado en tantas de las viviendas más antiguas; otras destacan por su estupenda rejería de forja en alguna de las ventanas que salen a la calle desde la primera planta, obra quizá de los famosos herreros de Alustante allá por los albores del siglo que ahora termina. Buscando el lugar preciso sobre el que en su día se alzó la fortaleza del "Caballero Motos", uno se apresura en escalar el cerro que resguarda al pueblo por el poniente. La visión resulta estupenda desde aquella atalaya. Al mediodía asoma la espesa pinada de la Sierra del Tremedal sobre una panorámica completísima, con el santuario de la Patrona de Orihuela como una leve pincelada blanca en el fragor de los pinos; los bajos fecundos del Rubial y de Santa María más cerca de nosotros, y la extensa vega de campos de mies de la que vivió el pueblo, más al norte. Al pie Motos, con sus barrios al descubierto y el orondo corpachón de la iglesia como detalle más sobresaliente. Aquí tuvo su cuartel general el mal llamado Caballero de Motos, don Beltrán de Oreja de nombre, natural de la villa de Hita en terrenos de la Alcarria; aquel desalmado que sembró el pánico sin piedad por toda la comarca imponiendo su ley y burlando a la justicia, hasta conseguir hacerse dueño de vidas y de haciendas por artes del saqueo y de intimidación sobre la honrada persona de los campesinos. La historia la conocen los lugareños sobradamente. Fueron los Reyes Católicos quienes mandaron demoler el castillo, hasta que no quedara señal siquiera del malvado huésped que como tal pasó a la historia, luego a la leyenda, y más tarde al olvido, en ese afán que el andar de los siglos se impone para hacer justicia.

La historia

El pueblo figura desde el siglo XII como perteneciente al Común y Señorío de Molina. En el siglo XV ocurrió una curiosa historia en el lugar, que le ha hecho pasar a la posteridad a costa de su protagonista, D. Alonso de Hita, hidalgo alcarreño de escasos recursos, que fue contratado como oficial por el Común molinés para ocupar el cargo de "caballero de la Sierra" y cuidar de los ganados comunales. Pero el caballero picó más alto, se construyó un torreón, casa-fuerte o castillo en lo alto del cerro de Motos, y desde allí se dedicó, acompañado de otros secuaces, a depredar y arrasar los pueblos y términos comarcanos. Durante varios años sembró el terror en los contornos, hasta que sin saber cómo, desapareció de escena. La aldea y su entorno volvieron a la normalidad de siglos sin historia.

El patrimonio

En el pueblo destaca la iglesia parroquial, que es sólida y digna construcción del siglo XVI, con buena torre y portalón meridional de gran dovelaje. El interior, de una sola nave, está cuajado de interesantes obras de arte entre las que destacan un altar lateral en tabla, de comienzos del siglo XVI, con figuras orantes y oferentes, quizás pertenecientes a la familia de los Malo, de los que aquí vivió una rama; otro retablo barroco lateral, y el mayor, también del siglo XVIII, de grandes proporciones y buen arte. Algunas casonas ya muy deterioradas, y mínimos restos del castillo que el caballero Álvaro de Hita levantó y después los Reyes Católicos ordenaron derribar.