Altitud: 1.189 m.
Censo Habitantes: 58
Distancia de la capital: 161 Km.

Morenilla


 El lugar y sus gentes

El pairón que antes de entrar al pueblo nos pone en un primero contacto con Morenilla está dedicado a San Julián y a la Virgen del Royo. Morenilla es un pueblo pequeño, de casas antiguas en un delicado tono ocre, situado sobre los bajos de una serie de montañas viejas, de hitas y de tomillares casi improductivos. Es, no obstante, un pueblo saludable y con extraño atractivo que uno dificilmente sabría explicar.
La Plaza Mayor de Morenilla no es en realidad una plaza, tal y como entendemos por un espacio así; es una superficie espaciosa, con caída en cuesta, donde están el juego de pelota, la fuente pública construida en 1933, un leve jardinillo y una casona señorial, herencia de pasados siglos, que el vecindario y los veraneantes emplean como centro de común esparcimiento. El centro social de Morenilla, a diferencia de tantos más, es todo un museo de recuerdos y añoranzas, de trofeos y de libros para leer; por lo menos asilo era hasta hace muy poco. La portada de tan señero edificio abre en arco de medio punto, formado a base de pesadas dovelas. Sobre la piedra clave hay un escudo con una veleta, las letras de la palabra «Morenilla» y la fecha de 1750.
Son varios los almacenes de alrededor y las viviendas de nuevo corte que han levantado en el pueblo durante los diez o quince últimos años. Destaca sobre la general estructura del pueblo y
sobre las choperas el campanario de la iglesia parroquial de San Julián; un campanario sencillo, con la estructura convencional de las iglesias de a finales del siglo XVII.
A la caída, bajando desde la plaza, llama la atención la puerta en arco que da paso al pretil de una ermita. Estaba penosamente descuidada la última vez que anduve por allí. Se trata de la ermita de la Soledad, quizá el edificio más antiguo del pueblo.
Pero son los abruptos parajes del entorno la principal novedad de Morenilla. El río Gallo, allá en sus comienzos, dio lugar por aquel término a rincones la mar de sugerentes: aquí una chopera bañada por un regato, allá un picacho acabado en punta, sobre la pradera un aprisco de ganado, poco más adelante la casona ingente en donde hubo un molino, y por una y otra vertiente del arroyo, agujas enhiestas por encima de los crestones de caliza que en algo recuerdan los lejanos farallones de la sierra de Cuenca. Y para que haya de todo, no falta por aquellos campos una oportunidad para la imaginación creadora de leyendas; las enormes covachas de junto al río son motivo propicio en donde colocar historias de almas errantes, historias de aparecidos, que tan bien ajustan con el misterio que adorna el paisaje.
La historia

En su término estuvo antiguamente el lugar de Teros, del que ya nada queda. Tuvo un buen castillo o torre vigía, que por su importancia estratégica sobre el valle del Gallo sufrió en las luchas de aragoneses y castellanos durante el siglo XIV, quedando entonces despoblado. Luego perteneció, también por su fortaleza y valor estratégico, al «caballero viejo» y sus descendientes, los Ruiz de Molina.

El patrimonio

El caserio es breve y su población ya muy escasa. En él destacan la iglesia parroquial, del siglo XVII, dedicada a San Julián, con estructura antigua medieval, y algunas casas de tipo popular bien conservadas. Añade de notable la existencia de dos ermitas: la de Nuestra Señora del Royo, y la de la Virgen de la Soledad. Es enclave que merece ser visitado en el aspecto paisajístico.
Nació en este enclave D. Francisco Cortés, señalado capitán de las guerras de las Alpujarras en el siglo xv.