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Altitud: 1.209,9 m. |
Mazarete |
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El lugar y sus gentes
La mañana es soleada, pero fría. A mano derecha, a la caída, se dejan ver desde la carretera las cruces del camposanto. Las casas, de tejados rojizos, aparecen extendidas en la solana poco más abajo. El humo de las chimeneas surge blanco y pastoso en cuatro o seis columnas diferentes. Un poco más arriba, la blanca ermita de la Virgen del Peral sobre el otero, Estamos llegando a Mazarete.
Por el puente de la Venta corren ladera abajo las aguas que en los días de turbión caen al otro lado de la carretera. En el puente de la Venta el conductor siente la tentación de pararse a observar al borde del camino, aun a costa de resistir en su espalda el azote gélido de los vientos, de esos vientos ancestrales que hacían enfermar a los antiguos de pulmonía y de dolores de costado, a poco que expusieran sus cuerpos a la intemperie en las duras noches de invierno. Las casas de Tobillos, a prudencial distancia campo arriba, contemplan la mañana cruda desde más allá de la punzante chimenea de la fábrica. Mazarete ha reducido a la mitad su censo de población durante los últimos quince años. La causa, ni más ni menos que la que diezmó al resto de los municipios de Guadalajara y de toda Castilla: la emigración de los años sesenta; aquí más acentuada si cabe, debido al cese de los trabajos en la resinera y el traslado a lejanas tierras de la fábrica de maderas.
No crea usted que no nos la hicieron buena. Ahora se oye que quieren volver a la extracción de resina. Ya veremos. La gente se marchó. Así que, a buenas horas mangas verdes. En la esquina de la plaza de abajo toman el sol dos vecinos del pueblo. Poco después, ya son cinco. El pequeño surtidor de la fuente nueva chorrea a la vera del abeto. Algo más allá, una de las portadas señoriales dan fe de la importancia que en tiempos ya lejanos debió de tener el pueblo; es la casa del ricohombre don Gregorio López Mayoral, construida en 1662, según reza escrito sobre la piedra.
Me quedo unos instantes a conversar con los cuatro o cinco vecinos de la solana, frente por frente a la puerta del bar de Los Ángeles. Me cuentan que la fiesta mayor de a mediados de agosto es la de San Mamés, el Patrón del pueblo, con romería, ermita propia y demás; y que la dehesa de Solanillos, propiedad de la Diputación Provincial, queda en el término municipal de Mazarete. Son amables y simpáticos los hombres de Mazarete. Les gusta abrirse en conversación y preguntan y responden con la soltura y la familiaridad de quienes se conocen de toda la vida.
Si va a tirar alguna foto por aquí -dice uno-, procure que éste salga de espaldas, porque es muy feo.
La segunda plaza, la de arriba, queda en pendiente como casi todas las calles del pueblo, exceptuando la Mayor que es la carretera. A la iglesia se sube desde la plaza de arriba por una escalinata con elegante barandal, como de un antiguo palacio.
Todos los pueblos anclados en esta serrezuela pinariega del antiguo Ducado tienen mucho en común: el paisaje, los medios de
vida, el temperamento, las costumbres, la agridulce rivalidad en el trato de los unos con los otros siempre que toman conciencia de que la vida les puso como vecinos, en un veredicto sin recurso posible. A los de Mazarete les llaman «pogetas» por mal nombre los de los otros pueblos; a los de Anquela «yatres», a los de Ablanque «aletos» y a los de Luzón «colondros». Vaya usted a saber desde cuándo y cuál pudo ser la razón.
Más allá del puente de la Venta, como a medio kilómetro del pueblo y al otro lado del cerro, está la Cueva de la Mora. Fui una vez hasta la misma boca de la cueva con Beni Hernández y con su hermano Jesús, mis amigos de Mazarete. Aseguran los más viejos del lugar que al interior de la cueva ha entrado gente y que jamás ha vuelto a salir. Hay una mora -dicen- encantada en las profundidades, que baja a coger agua a una fuente subterránea ciertos días del año, y que la han visto peinarse por aquellos vallejuelos a la salida del sol.
Mazarete cuenta con su pequeña prolongación, a manera de barrio, a extramuros del pueblo. Son dos o tres viviendas habitadas junto a la carretera, a la altura del empalme. No lo sé, pero quiero pensar que sus dueños fueron trabajadores de la resinera, dada la proximidad a la importante factoría, hoy en desuso y abandonada.
A la mañana le cuesta trabajo abrir definitivamente. Estamos en invierno. A la salida, un hombre mira con cara de extrañeza al forastero, porque no lo conoce.
La historia
Con los años ha ido cambiando la faz de Mazarete. Un pueblo en los límites de las serranías del Ducado y el Señorío de Molina, que estuvo incluido en los límites históricos de este territorio allá cuando fue creado en el siglo XII. Ha ido cambiando su faz porque se ha hecho más cómodo, más arreglado en sus calles, en su vivir todo.
Se encuentra como arrellanado en una suave hondonada, al amparo de una loma en las orillas del arroyo de su nombre, que va a dar más adelante en el alto río Mesa. Su amplio término municipal está cubierto en gran parte por densos pinares, que tapizan montes y vallejos y producen inmensa cantidad de resina, para la que a comienzos de siglos se instaló una industria transformadora a la entrada del pueblo, y que hoy, aunque ya lamentablemente en ruinas, aún sirve de reclamo su edificio industrial en hierro del siglo XIX, al viejo estilo de la arquitectura rural de empresa pinariega.
Dentro del término municipal de Mazarete se encuentra la conocida finca de Solanillos, propiedad de la Diputación Provincial de Guadalajara, y en la que se pueden admirar magníficos paisajes de pinar y formaciones rocosas de arenisca que dan lugar a caprichosos aspectos naturales, entre los que destaca un espectacular monolito conocido por el huso. En la capilla de la colonia veraniega que la Diputación posee en esa finca, se puede admirar una gran pintura mural original del artista alcarreño Regino Pradillo.
Por lo que respecta a la historia, podemos decir que tras la reconquista de la comarca en el siglo XII, quedó este pueblo dentro de la demarcación territorial o comunal de Medinaceli. En el ducado de su nombre, y por el señorío que sobre él tuvieron los nobles La Cerda, permaneció incluido hasta el siglo XIX
El patrimonio
Destaca en Mazarete el edificio de su iglesia parroquial, situado en lo más alto del pueblo, y consistente en recia fábrica de sillarejo y sillar, en amorfa estructura correspondiente al siglo XVI, sin detalles que reseñar aparte de su puerta de acceso, donde molduras y frisos forman un sencillo conjunto renaciente. En el interior, sobre el muro del fondo de su capilla mayor, luce un magnífico retablo de estilo neoclásico, construido en 1790 por Cristóbal Herber.
Es muy interesante también la casona de los López Mayora/, edificio del siglo XVII en el que destaca su magnífica portada de líneas clásicas y tallados sillares. Aun dentro del sentido popular que encierra, es obra que pretende imitar modelos señoriales. En su frontón triangular y en el friso o arquitrabe, muestra tallas alusivas a la ocupación ganadera de sus constructores y dueños (una cabeza de vaca, dos ovejas, un enorme caldero, un cayado, una pica y aún dos caballos enteros) y el nombre del primero de ellos: Gregorio López Mayoral. También merece contemplarse la casa-curato, enorme caserón del siglo XVIII con fachada luciendo numerosos vanos enmarcados por dinteles y jambas de piedra rojiza, y toda ella construida en sillarejo bien aparejado de la zona. Sobre la puerta, un escudo en que se ve emblema con jarrón de azucenas y las siglas IHS MIS. Otras varias casonas de recio aspecto y sólida construcción antigua pueden verse por el pueblo.
Personajes
En este lugar nació el famoso historiador molinés y escritor muy renombrado del siglo XVIII, don Gregorio López de la Torre y Malo (1700-1770). Procedía de la familia de los López Mayoral, ricos ganaderos, de Mazarete, y de los de la Torre y Malo de Molina y Concha. En este último lugar del Señorío vivió gran parte de su vida y escribió su obra, en la que destaca la Chorográfica descripción del muy leal, fidelisimo y valerosísimo Señorío de Molina, impreso en 1746, y la Carta escrita a dona Librada Martínez Malo en la que se contienen interesantes noticias documentales referentes al monasterio de monjas bernardas de Buenafuente, en el señorío molinés.