Altitud: 1. 233,7 m.
Censo Habitantes: 116
Distancia de la capital: 127 Km.

Hinojosa


 El lugar y sus gentes

Hinojosa asienta en pleno Páramo Molines. Son estas las tierras en las que se han sólido registrar las temperaturas mas extremas de España. Hoy, en cambio, es un día apacible y el termómetro a eso de la media tarde permite no ir buscando las sotanillas invernales ni las sombras veraniegas en donde guarecerse. Estamos en el corazón de la Molina hidalga, en la sede de las casonas centenarias y de los escudos heráldicos en piedra vieja sobre los dinteles, emblemas que nos llevan a familias ilustres de las que apenas queda el recuerdo. El paso de los siglos se ve que fue acabando con todo, menos con la piedra noble burladora del tiempo y de las acciones, tantas veces nefastas e increíbles, de los hombres.

La fuente mana en su escaso monumento a mitad de la calle principal del pueblo. Calle del Irida, creo recordar que llaman a la calle Mayor que sube desde la plaza de la Reina Cristina hasta la del Olmo que es hacia la que ahora voy. Las calles de Hinojosa tienen nombres modernos, relacionados con la ecología y con los servicios de protección al campo. Avenida del Servicio de Extensión Agraria, es otra de las calles ajardinadas que hay junto a la picota a la entrada del pueblo. La iglesia, monumento a tener en cuenta como joya valiosa de la corona señorial molinesa, destaca con su campanario altivo al pie del cerro que llaman de Cabeza del Cid, pues aseguran que anduvo por allá el Campeador con sus huestes camino del destierro.

En medio de la Plaza del Olmo esta el tronco muerto, antiquísimo y descomunal, del árbol que antes fue. Solamente queda el tronco del olmo sobre una doble grada de piedra. Tiene la piel arrugada, hueco por dentro y con cuatro metros, o quizá mas, de diámetro, es decir, de parte a parte. Aquí, con el tronco del viejo olmo por testigo, se libran cada ano los tradicionales enfrentamientos entre cristianos y moros durante la procesión en la fiesta de la Soldadesca. El histórico olmo de la plazuela de Hinojosa ha muerto definitivamente; algunas ramas, secas también, por encima del tosco corpachón, lo dicen al publico, pero queda allí como enseña, como recordatorio tal vez de que en este mundo todo tiene un final; así los escudos de los Malo, de los Ramírez, de los Moreno, de los Iturbe, y algún otro repartido por sus calles nos invitan a la misma reflexión..

—si quiere ver la ermita de la Virgen de los Dolores se la puedo enseñar.

—ya la conozco por dentro; pero no me importaría volverla a ver.

—La hemos restaurado bastante.

Se llama Filo esta amable mujer. Me ha dicho que es la señora del alcalde, y que tiene en casa la llave de la ermita. Mientras busca la manera de abrir doy una vuelta más por el pueblo, tomo alguna que otra fotografía, y luego me entretengo en contemplar sobre el frontis del elegante santuario el escudo familiar de don José García Herreros, a la sazón arcediano de Valladolid y vicario general e inquisidor de la diócesis de Murcia en el primer cuarto del siglo XVIII.

Está bien cuidada y muy interesante por dentro la ermita patronal de la Virgen de los Dolores. Una serie de pequeños retablos, cuadros y otros motivos ornamentales destacan en su interior por cualquier ángulo. Preside la nave desde el fondo tras el altar mayor la imagen sedente de Nuestra Señora de los Dolores, recién restaurada por cuanto a un general retoque de color se refiere; una talla simpar, en cuyo bello rostro se conjugan a un tiempo la dulzura, el dolor y el patetismo que acarrea el sufrimiento llevado al extremo; una espada a modo de puñal le atraviesa el pecho. Se desconoce quién fue el autor de la imagen, pero bien pudiera haber sido un Francisco Salzillo, o cualquiera de los notables imagineros castellanos del siglo XVIII.

A la salida, junto a la ermita y los murillos de boj o de aligustre del paseo, dos niños se divierten balanceándose en los columpios.

La historia

Su nombre es claramente castellano de la repoblación. Pero no significa esto que no existiera en tiempos muy remotos. Hinojosa aparece ante el visitante como un caserío denso y apiñado sobre una tierra alta y cerealista cual es la sesma del Campo en el Señorío de Molina. Se acomoda suavemente en la falda de un alto cerro calizo de cortadas paredes, al que llaman «cabeza del Cid», pues dice la tradición que en su altura residió alguna temporada Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, en su viaje de Burgos a Valencia.

Lo cierto es que en esa altura, de dimensiones llamativas y estructura muy regular, se descubren hoy todavía los restos de lo que fue un potente castro militar del pueblo celtíbero. La importancia de los muros y defensas que aún se conservan hacen suponer que aquella fortaleza debió albergar fuerte ejército, y que su importancia estratégica en el sistema defensivo celtíbero sería relevante. En época posterior a la reconquista de todo el territorio molinos, Hinojosa fue repoblada con castellanos, y pronto adquirió importancia y renombre recogiendo en la Baja Edad Media toda la población de la aldea de Torralbilla y otros despoblados entonces producidos. Aquí en Hinojosa vivió largas temporadas, escribiendo su famosa <<Historia del Señorio de Molina>>, el cronista del siglo XVII, regidor de Molina y capitán de las Milicias del Señor D. Diego Sanchez Portocarrero. En este pueblo, también nació D. José García Herreros, que alcanzo los cargos Vicario general e inquisidor de la diócesis de Murcia comienzos del siglo XVIII. Diversas familias de rancio abolengo motines tuvieron aquí sus casas-palacio, como ahora veremos.

El patrimonio

Por el pueblo de Hinojosa se distribuyen un buen numero de casas-palacio típicamente molinesas. Así, son de destacar la casa de los Ramirez, con portalón escoltado de sillares almohadillados. En la misma calle se ve la casona de los Moreno, con portón semicircular adovelado, buenas rejas, y escudo. En una plazuela superior, luce el caserón de los Malos, con portada de severa distribución de vanos, y escudo en lo alto. Todavía merece contemplarse la cara de los García Cerreros, en Carraconcha, de distribución similar a las anteriores, con portón adintelado y ventana superior escoltada de sillares almohadillados, rematando con escudo de armas de esta familia prócer. La casa de los Iturbe, mas antigua, con patio anterior, es también interesante. Y algunas mas: todas ellas conforman el conjunto mas interesante de <<casonas molinesas>> que es dable contemplar en cualquier pueblo del señorio.

En la plaza baja también es de destacar su fuente de la que, según dicen los vecinos de Hinojosa, <<cuando Dios quería, agua salía>>, porque mana agua de forma intermitente, con muy cortos intervalos de tiempo.

Entre los edificios religiosos, son de destacar la iglesia parroquial, obra de los siglos XVI y XVII. Su interior es de planta cruciforme y una sola nave. El crucero se cubre de cúpula hemisférica. Tiene también una airosa torre a los pies del templo. Existen en el interior algunos buenos retablos barrocos. Entre ellos destaca el de la <<Virgen de la Cabeza>>, que es talla pequeña, morena, del siglo XVII, de gran devoción. A la salida del pueblo surge, entre una arboleda densa y un anchuroso prado, la ermita de Nª Sª de los Dolores, obra de finales del siglo XVIII, en un barroco sobrio y elegante. Fue costeada por el mencionado D. José García Herreros, quien especifica, en gran cartela de la fachada, que fue colegial y canónigo en Valladolid, así como caballero de la Real orden Española de Carlos III. El interior, recoleto, luminoso y cuajado de altares y exvotos, es presidido por una talla de exquisita factura de la Virgen de los Dolores, de gran realismo en su expresión.

En el termino municipal de Hinojosa, junto a la carretera que baja desde Labros a Milmarcos, y en medio de un denso y antiquísimo sabinas, puede admirarse la ermita de Santa Catalina, que fue iglesia parroquial, en la Edad Media, de un pueblo que llevo por nombre el de Torralbilla, del cual ya solo quedan informes ruinas en su derredor. Se construye este edificio de sillar y sillarejo. Destaca sobre el muro sur el atrio porticado formado por seis arquillos de medio punto con columnas que rematan en sus respectivos capiteles, de sencilla decoración vegetal. Este atrio tenia también entrada por su costado de levante, así como por el de poniente, que es el único hoy practicable. El ingreso al templo se hace por su portada inserta en el muro meridional del mismo: consta de cuatro arquivoltas lisas, con ornamentación vegetal la mas extensa. Estos arcos de degradación apoyan en capiteles de hojas de acanto, muy deteriorados. En la cabecera destaca el ábside, de planta semicircular, cuyo alero sostienen variados canecillos de curiosa decoración. Dicho alero presenta toda su superficie tallada con temas vegetales y ajedrezado. El interior es de nave única, recorrida en su basamenta por un poyo de piedra, que también se extiende al presbiterio y al ábside. El pavimento es de grandes losas de piedra. La techumbre es de madera de sabina. El presbiterio, ligeramente elevado sobre la nave, da paso al ábside semicircular. Un arco fajón o triunfal que media entre la nave y el presbiterio se apoya sobre dos capiteles decorados: en el de la derecha, simples motivos vegetales; en el de la izquierda, una serie de figuras tomadas del bestiario medieval; perros con cuerpos de ave y harpias a los lados; símbolos del bien y el mal, tomados de los capiteles del claustro monasterial de Silos, que hasta aquí ejerce su influencia iconográfica..

Las fiestas

Es muy querida en Hinojosa la fiesta de <<La Soldadesca>>, que viene a ser una lucha de moros y cristianos con la representación de un Auto Sacramental en que la lucha del Bien y el Mal se replantea una vez mas. Se ha estado celebrando el primer domingo de junio, aunque en los últimos años ha vuelto a dejar de celebrarse, debido a los altos costos de su representación. Tras la misa, en la plaza de la Olma, la corte de moros roba de una procesión la talla de la Virgen. Sorprendidos y perseguidos por un ejercito de cristianos, finalmente plantean cruda batalla que tiene lugar, con caballos y armas reales, en la parte baja del pueblo. Vencen los cristianos y finalmente los moros piden perdón y solicitan su conversión y bautismo. Antiguamente se realizaban también danzas rituales de espadas y paloteos. Todo ello es, indudablemente, una expresión típica del folclore heredado del ancestralismo Celtibérico de la comarca molinesa.