Altitud: 1.071 m.
Censo Habitantes: 38
Distancia de la capital: 126 Km.
Herrería

 El lugar y sus gentes

El pequeño lugar de Herrería, situado en plena carretera a poco más de una hora de camino a pie desde la ciudad de Molina, es ante todo eso, un lugar de paso. Limpieza, elegancia aun dentro de su escasa proporción, ambiente saludable, es lo que se aprecia al atravesar de parte a parte el municipio cuando vamos de viaje. No obstante, vale la pena detenerse un momento en la ancha plaza que tiene en la margen derecha de la carretera, en el historiado coso donde concurren, todo alrededor, los centros vitales del lugar, los edificios comunes, la fuente común, la luminosa explanada de solaz y de recreo, la parada del autobús... El nuevo ayuntamiento y la iglesia parroquial cuentan entre los edificios antedichos, y la casona de aspecto magnífico que un azulejo marca como "Casa de la Plaza", acogen por su buen porte y significado casi todo el interés del visitante al llegar a Herrería en una limpia mañana de sol. No lejos, en los campos llanos que en plena vega limitan al pueblo más allá de las casas, todavía es fácil encontrarse con restos abundantes de escoria, producto residual que justifica las viejas herrerías que dieron nombre al pueblo.
No he visto un alma siquiera que pase junto a mí a eso de la media mañana. Sólo el bufido continuo de los vehículos por la carretera y el caer de los cuatro chorros de la fliente sobre el piloncillo a ras de tierra, rompen el silencio de manera constante. A un lado y a otro laderas escabrosas punteadas de sabinas, huertecillas -algunas abandonadas- en la vega, y el pueblo que se extiende al otro lado de la carretera.
Un hombre se ha venido a sentar a la sombra de un plátano fornido, casi centenario, que hay en un lateral de la plaza.
- ¿Cué le trae por aquí, amigo? -pregunta.
- La curiosidad, ya ve usted -le respondo-. Nada, ver un poquito lo que hay por el pueblo.
- Nada. Aquí no hay nada que ver. Algunos vienen a eso del Ceremeño. Dicen que es muy importante lo que han descubierto allí. De cuando los moros, o más antiguo aún, debe ser aquello.
El Ceremeño, efectivamente, es mucho más antiguo de lo que piensa el hombre de la plaza. Se trata de un poblado celtíbero del siglo V antes de Cristo, y está situado en pleno sabinar, no lejos del pueblo y dentro de su propio término.
Del decir de los más ancianos de Herrería, supimos en cierta ocasión que uno del pueblo abandonó a su familia y se marchó a hacer las Américas, ahora más de cien años seguramente. Volvió muy rico y encontró a los suyos hundidos en la miseria. Dicen que mandó construir una capilla en la iglesia que le costó media fanega de duros de plata, sólo el permiso del obispado; y luego, como es de suponer, el importe de las obras. La anécdota desprende un cierto tufillo a leyenda mil veces repetida; pero así es, así lo oímos contar, y así preferimos dejarlo para conocimiento de los que vengan más tarde.
Por encima de Herrería graznan los cuervos. Un cuclillo les responde desde las sabinas que hay al mediodía, por los cerros del Berrocal y de la Atalaya.

La historia

Procede su nombre de las herrerías, hornos y fraguas que existieron en su término en siglos pasados, elaborando el hierro que tan abundante es en el Señorío de Molina. Aparece este lugar ya mencionado en el testamento de la señora D a Blanca, quien concedió ciertos privilegios al curato del lugar.

El patrimonio

Destacan la iglesia parroquial, de homogénea arquitectura del siglo XVI, con portada a mediodía de escasa ornamentación, y muros de fuerte sillar con refuerzos de contrafuertes. El interior es de una sola nave, y muestra sencillos altares sin valor. En la misma plaza donde se encuentra el templo, aparece el Ayuntamiento, de gran valor popular por su construcción y colores. En el término, sobre diversas eminencias montuosas, se conservan restos mínimos de algunos torreones vigías o atalayas medievales. Y en un breve cerro al sur del pueblo se alza el poblado celtibérico de "El Ceremeño" recientemente excavado, y que ofrece una visión clara de las formas de vida en los siglos precedentes al Cristianismo.