| Altitud: 1.054 m. Censo Habitantes: 12 Distancia de la capital: 152 Km. |
Cuevas Labradas |
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El lugar y sus gentes
Como fondo a los -a veces
profundos y siempre pintorescos-valles y cortados del rio Gallo,
y a cuatro pasos de su desembocadura en el Tajo, surge sobre un
otero limpio en vegetación el pequeño lugar de Cuevas Labradas.
Al pueblo se sube a través de un zig-zag prolongado de curvas
pinas, que van salvando la altura hasta llegar, trabajosamente, a
las primeras casas. Los campesinos que regresan al pueblo desde
las huertas, a pie o en caballería, lo hacen andando cerro
arriba, cortando por el camino más corto.
Cuevas Labradas es un pueblo típico de sierra, dominador de
paisajes agrestes, abiertos y espectaculares, pueblo humilde y
pacífico a la vez. La sombra se hace apetecible al llegar, la
sombra larga y triangular que proyecta sobre el suelo y sobre las
casas el campanario en espadaña de la iglesia. Encima de unas
peñas, en la parte más alta de lo que pudiéramos considerar
como el casco urbano, se levanta la torre del reloj, de sólida
piedra de cal en cuyo pináculo queda por encima de la esfera el
campanil que, desde hace casi medio siglo, se encarga de contar
por el día y por la noche, una por una, todas las horas de la
sierra.
Los lugares más céntricos de Cuevas Labradas son la calle Real
y el frontón de pelota. Sin que uno tenga que moverse, desde el
frontón se ven los dos cerros Mirones situados al sur; la falda
del Cornero, que es el cerro más alto del término, por el
poniente; el Puntal de la Hoya, y una roca al pie que en el
pueblo conocen como el Picón del Aguila.
Tras el ábside de la iglesia está la fuente pública. Arroja un
chorro abundante de agua clansima sobre la cazuela del
abrevadero. En el monolito de la fuente está escrita la fecha de
su construcción: 1909.
A la iglesia se sube por media docena de escalones, atravesando
después un arco de piedra. En la iglesia de Cuevas Labradas
habria que destacar la buena clavetería de la puerta de entrada,
los viejos artesonados de la nave y del presbiterio en el
interior, y algún retablo con buenas pinturas y severo aspecto.
Rezan como patronos del lugar a la Candelaria y a San Esteban,
fiestas ambas, una de invierno y otra de a finales de verano, que
han unido para celebrar en determinadas fechas del mes de agosto.
A lo largo del pueblo, desde donde acaba la calle Real, se deja
ver a campo abierto el bravo panorama paisajístico de los
Estrechos, entre cuyas risqueras baja encajado el río Gallo.
En algunos rincones laterales a la calle Real, ya por el barrio
de abajo, se ven casonas antiguas casi en estado de ruina y
crecen los yerbajos silvestres. En otros, sobre todo en verano,
alegran el paseo los rosales y las plantas de malva real con sus
tonos grana, blanco y violeta pálido. Cuevas Labradas es un
pueblo de notoria tranquilidad. La distancia a las grandes
núcleos urbanos, y su difícil situación sobre todo, lo hacen
beneficiario de tan especial privilegio.
La historia
Pertenece desde la remota Edad Media al Señorío histórico de Molina, en cuyo corazón geográfico se encuentra. Fue en ocasiones del señorío de los obispos de Sigúenza, y tiene de mayor interés la calidad de la miel que producen sus colmenas, y el recuerdo que de su nombre queda en la obra «El colmenero divino» de Tirso de Molina, quien conoció muy bien la zona.
El patrimonio
En el pueblo, aparte de algunos ejemplos de arquitectura popular, y de su iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de la Virgen María, de sencillo trazado medieval, aunque con reformas posteriores, y algunas modernas tallas en sus pequeños altares, sólo las vistas que desde él se dominan merecen la subida hasta su caserío.