| Altitud: 1.202 m. Censo Habitantes: 67 Distancia de la capital: 102 Km. |
Ciruelos del Pinar |
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El lugar y sus gentes
Recuerdo haber leído, no hace mucho,
algunos datos de tipo estadístico y económico del pueblo de
Ciruelos con casi doscientos años de antigüedad. Destacaba la
buena calidad de la vega que solían regar con las aguas del
arroyo Castillo, sobrante de las dos fuentes de buenas aguas que
había en el pueblo para su uso. Eran ochenta almas escasamente
las que el Ciruelos tenía por entonces, y unas tierras que daban
para vivir con suficiencia a precio de sudor. Habla el referido
informe de viviendas viejas y de estructura endeble, detalle hoy
fuera de todo lugar, pues, sea quien fuere el que pase por allí,
será precisamente eso, la solidez de sus casas lo que le
llamará la atención en un primer momento; a ello se unirá más
tarde el ambiente saludable de sus contornos pinariegos, la
calidad extraordinaria de sus aguas y lo sorprendente de su
paisaje. Queda el pueblo alzado sobre un otero suave al otro lado
de la vega. Aquí los huertecillos de tierra oscura que la gente
sigue cultivando, y al fondo el pinar.
Almacenes de cosecha y maquinaria, algunas personas paseando por
la carretera, y una banda de palomas en el camino a poco de
entrar, es lo que llamó primero mi atención en la última
visita. La fuente de tres caños junto a la carretera, con pilón
y lavadero, merecen destacarse, aunque uno quiere recordar que
quedan semiescondidos a mano derecha del camino.
La entrada, como la de aquellas ciudades que los pintores del
Renacimiento ponían en sus lienzos, es toda ella de un urbanismo
distinguido, circunstancia que se acrecienta en la Plaza Mayor, a
la que se llega de pronto al volver de una esquina.
Un hombre entrado en edad se acerca cuando paro con el coche.
Cuando lo intento saludar, se aparta de mí hablando solo y se
sienta sobre el escaloncillo de una puerta. La plaza tiene una
elegante pista en mitad, rodeada de bancos de cemento. La
espadaña y el pórtico cubierto de la iglesia de Santa Maria
Magdalena quedan de frente, al otro lado de la plaza.
Por cuanto a los alrededores, me atrevería a calificar algunos
de ellos de irrepetibles, de insólitas las vistas que ofrecen al
amante de la naturaleza las ondulaciones tupidas de pinar y de
roca que hay a más o menos distancia de la llamada Peña de la
Guarnición, desde donde se alcanzan a ver de lejos los pinares
de Albarracín, la Serranía de Cuenca, y adivinarse más cerca
de nosotros, barranco abajo, el Valle de los Milagros y la famosa
Cueva de Los Casares, que vienen a caer, no lejos, tras alguna de
aquellas ondulaciones. La Fuente de la Pradera, llanura inmensa
de robledal y de pinos, es otro de los atractivos más sonoros
que hay en Ciruelos.
La historia
Perteneció este lugar al alfoz de Medinaceli, en su frontera con
el señorío de Molina. Durante el siglo XIV era del señorío de
los López de Tovar, que la tomaron con violencia. Tras varios
años de intentonas, en 1.500 consiguieron los de esta familia la
pertenencia de Cobeta, su castillo y aldeas, a cambio de entregar
Ciruelos a las monjas bernardas de Buenafuente, que ejercieron el
señorío de esta villa por poco tiempo, pasando definitivamente
a los duques de Medinaceli, hasta el siglo XIX.
El patrimonio
Su iglesia parroquial es elemento sencillísimo de la
arquitectura rural del siglo XVII, sin nada destacable en el
aspecto artístico.
En las cercanías de Ciruelos se encuentra la ermita y casa del
Buen Desvío, importante cruce de caminos en dirección al
señorío molinés, lugar de devoción mariana, y, al mismo
tiempo, asiento de una casa-residencia de los antiguos dueños
del territorio, la familia de la Cerda, duques de Medinaceli, que
aquí pasaban en algunas épocas largas temporadas de descanso.