| Altitud: 1.129 m. Censo Habitantes: 20 Distancia de la capital: 145 Km. |
Cillas |
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El lugar y sus gentes
Desde las
proximidades de Rueda, el pueblo de Cillas destaca al fondo como
un cogollo de viviendas blancas, coronado por el agudo chapitel
de la torre, donde una cruz de hierro se confunde con el azul
cuando entra la tarde. El teso que llaman del Castillo, donde está
la iglesia, debe de ser un mirador interesantísimo sobre las
parameras y sobre los llanos trigueros que rodean al pueblo en
varios kilómetros a la redonda.
No veo a nadie al entrar en Cillas. El pueblo, no obstante,
ofrece al recién llegado todo el aspecto de ser un pueblo vivo.
Las casas, las calles, el pequeño jardín de junto a la fuente,
han mejorado mucho desde aquel lejano viaje en que fui por
primera vez. La pregunta hoy sería la misma por mi parte, y la
respuesta, seguramente que también la misma que en aquella ocasión
en boca de cualquier anciano del pueblo:
-¿Cómo es posible que se marchase la gente, con tan buen pueblo
y con tan buen campo como tienen?
-¡Mira éste! No los vamos a tener ataicos del ramal pa que no
se escapen.
La fuente, en los bajos del pueblo, tiene un pilón alargado y un
monolito central que remata en un bolón de piedra. La leyenda
que dejaron en la fuente para la posteridad dice: «Don Calixto
Rodríguez y el pueblo de Cillas. 1911». Para los no iniciados
en la particular historia de las tierras de Molina, convendrá
decir que el tal don Calixto Rodríguez fue el promotor de la
industria resinera en la comarca, hombre rico e influyente allá
por las primeras décadas del siglo, y del cuál, en Mazarete y
Rillo de Gallo, sobre todo, queda en el presente viva señal. En
el primero el edificio en ruinas de la resinera, y en el segundo
un busto de bronce en la fuente de la plaza.
Aquí, en cualquiera de estas recias casonas marcadas sobre la
piedra con fechas muy remotas, pudieron nacer hombres importantes
de los que las tierras de Molina dieron al mundo: caballeros de
órdenes militares, capitanes famosos, oidores de tribunales,
casi todos ellos miembros de una misma familia.
Del ya desaparecido costumbrismo del pueblo de Cillas, es justo
referirse a las hogueras de la noche de San Antón que alumbraron
sus calles; si bien, la fiesta mayor del pueblo se celebra el día
de San Pedro.
Desde el alto del Castillo, el campo es toda una lección en el
libro abierto de la geografia molinesa. Separados por buenos
campos de labor se alcanzan a ver, al noroeste y al mediodía,
los pueblos de Tortuera y de Rueda de la Sierra. Aquí, casi a
nuestros pies, vigía de caminos y sello de sólida fe, el pairón
florido de la Virgen del Pilar. Por las tierras rayanas, el cielo
se ha vuelto de un sereno raso azul.
La historia
Fue poblado en el siglo XII, y entonces incluido en el Común de
Villa y Tierra de Molina. A finales del siglo XIII es mencionado
en el testamento de doña Blanca de Molina, quien lo da en señorío
a su caballero Pedro Hernández. Siguió luego siendo pueblo
comunero y molinés. De entre sus hijos ilustres, pueden
destacarse a don Juan López de Cillas, que fue alcalde de Molina
en 1610; y a don José Joaquín Martínez Malo que alcanzó el
grado de Oidor en la Audiencia de Santa Fe, en América, durante
el siglo XVIII.
El patrimonio
En lo alto del pueblo destaca la iglesiaparroquia¿ obra sencilla
del siglo XVII, con torre de dos cuerpos que acaba en remate
piramidal o chapitel de tipo metálico. También merece verse en
el caserío un palacio nobiliario con portón adovelado
semicircular en su fachada, y encima un escudo de armas tallado
en la dovela central del portón.
Junto a la carretera aparece un hito o pairón de piedra sillar
con ornamentación barroca, una hornacina para guardar una imagen
de la Virgen, y encima un remate de forma piramidal con bola. Hay
otros pairones en el término, junto a los caminos.
El santuario de Cillas, o ermita de la Concepción, en su término,
junto a la carretera que va a Alhama de Aragón, es obra muy
sencilla del siglo XVIII, pero su origen es más remoto, y existe
la tradición de que ya en el momento de la repoblación existía,
como iglesia parroquial de un pueblo llamado Torremochuela, que
se despobló en el siglo XVI. Allí se daba culto a la Virgen en
su advocación de Purísima Concepción, al menos desde esa época.

Foto enviada gentílmente por Alberto Oliva