Altitud: 1.210 m.
Censo Habitantes: 6
Distancia de la capital: 154 Km.

Chera


 EI lugar y sus gentes

Chera es en su pequeñez uno de esos paraísos olvidados que tan a menudo se suelen descubrir cuando se viaja por la piel de la Provincia. La carretera es estrecha desde Prados Redondos, pero en condiciones aceptables hasta llegar al pueblo. La distancia, mínima; sólo un paseo aunque tuviera que cubrirse a pie. La carretera se abre paso vega adelante, dejando a mano izquierda los campos de labor y el cauce del río escondido entre las choperas. El río es el Gallo, el río molinés por excelencia, que no nace por aquellos contornos como pudiera parecer, sino más abajo, en tierras turolenses de Orihuela del Tremedal que lo tienen por suyo, aunque en algún momento se oculta y vuelve a aparecer, como el Guadiana, en las orillas de Chera, convirtiendo las tierras a su paso en un auténtico vergel, distinguiendo al pueblo por su frondosidad y encanto de los demás que asientan en la comarca: Torrecuadrada, Anquela del Pedregal, Torremochuela, e incluso el mismo Prados, donde los veranos suelen ser deficitarios en sombras. La ermita de la Virgen y el cementerio reciben a los recién llegados al borde del camino. Junto al pórtico de la ermita han dejado como señal, cortado al rape a la altura de un metro, el tronco de un olmo corpulento que en mala hora debió arrancar la enfermedad del mundo de los vivos. El pueblo queda poco más adelante, al iniciar la cuesta, al pie de la vertiente de las eras, donde todavía existen los pajares y las casillas de piedra y teja en las que guardaban el grano, la paja y los atalajes de la recolección. A la caída, los que viven fuera han ido preparando sus viviendas de temporada, sólidas, capaces, elegantes, dispuestas a servir tal vez más de lo que el pueblo dure. En Chera, a pesar de su exiguo tamaño, hay tres barrios bien diferenciados: el barrio Alto, el de la Plaza, y el barrio del Marqués. Por el barrio Alto se ven algunas construcciones que delatan añosos abolengos, viejas hidalguías, tan acordes con las antiguas maneras de vivir por las que se organizó la sociedad en las aldeas y villas en todo el Señorío. El barrio de la Plaza ocupa el corazón del pueblo. En el barrio de la Plaza queda la iglesia parroquial de la Asunción como monumento distinguido que la preside y tiene a su respaldo un jardín chiquito, coquetón, con bancos para sentarse, frente al edificio del centro social que ocupa el aula de la que hace años fue la escuela mixta del pueblo. El barrio del Marqués es el más pintoresco de Chera. Está como a cuatro minutos del pueblo en camino a pie, al otro lado del río. La fuente, situada a un nivel por debajo del camino, mana por dos chorros abundantes un agua riquísima que se pierde río abajo. Al lado está el puente sobre el Gallo, que corre entre una selva de plantas acuáticas, y poco más adelante el barrio del Marqués. En tiempos lejanos, imprecisos, debió de ser el marqués de Santa Coloma algo así como el dueño de vidas y haciendas. El que dicen que fue su palacio queda al final del barrio, al cabo de una fila de casas que siguen a la vera del río. A un kilómetro escaso de Chera, vega arriba, se alcanza a ver el cerro de La Coronilla, donde no hace mucho se descubrió un importante poblado celtibérico con restos de algunas viviendas de la época que han sacado a flor de superficie. Trasladada de su día, el 8 de diciembre, celebran en el pueblo su fiesta mayor en honor de la Inmaculada el 15 de agosto. La razón, de invierno a verano, es bien sabida: que por aquellas fechas en las que se inicia el invierno, son una docena de habitantes solamente para celebrarla.

La historia

En todo anejo a Prados Redondos, puede contarse de Chera la misma secuencia histórica que de este referido pueblo.

El patrimonio

A la orilla frondosa y fresca del río Gallo, que por estos parajes atraviesa hermosas gargantas recónditas y prestas para la admiración paisajística, Chera tiene una sencilla iglesia presidiendo la plaza: está dedicada a Nª Sª de la Soledad. Tiene una portada moldurada semicircular y en el interior, sencillísimo, podemos contemplar algunos retablos populares y una antigua pila bautismal. En las afueras del lugar, en el barrio que está al otro lado del río, destacan las ruinas impresionantes de la casa-fuerte del marqués de Santa Coloma, de aspecto guerrero, militar, mostrando en su muro sur, de sillar bien tallado, un portón de arco apuntado rematado en escudo liso. En su parte posterior se ve el gran patio de armas, con restos de un enorme arco semicircular, de amplia arquivolta. Es lástima que tan interesante construcción, casi calificable de castillo, se haya dejado perder en el abandono de los años. Cerca de allí está la hermosa finca de pastizal de la Hoz, que durante siglos perteneció al mayorazgo de los Ayllón Vellosillo.