| Altitud: 1.284
m. Censo Habitantes:27 Distancia de la capital: 155 Km. |
ANQUELA DEL PEDREGAL |
|
Situación
Anquela
del Pedregal se encuentra situado en la carretera de Prados Redondos a
Tordellego, a 13,8 km del empalme con la carretera N-211 y a 20 km de Molina de
Aragón. La circunstancia de que el ramal de carretera desde el empalme con la
N-211 hasta Anquela del Pedregal sea competencia de la Diputación Provincial y
de aquí a Tordellego tenga la calificación de pista forestal conlleva que la
consulta de los mapas conduzca al error de pensar que Anquela del Pedregal es
punto final de itinerario, cuando bien puede ser lugar de paso entre Molina de
Aragón y pueblos como Tordellego, camino de la Sierra hacia Adobes o Piqueras,
y de ahí a Alcoroches u otros.
Descripción
Su
término municipal participa de los páramos molineses en su versión de campos
de cereal, en los límites con Prados Redondos, Chera, Morenilla, Tordellego y
Otilla, y de monte de encina en los límites con Tordellego, Piqueras y Traid.
Compuesto
por unas 70 casas, la mayoría dispuestas en una solana, tienen por lo general
la estructura de la típica casa rural del páramo molinés, compuesta por dos
pisos y cámara (desván donde se almacenaba el grano de la recolección,
clasificado en trojes). Algunas de ellas cuentan con interesantes dinteles de
piedra en sus puertas principales, donde se hallan esculpidos escudos de armas,
dando fe de tiempos más esplendorosos que los actuales.
De
entre sus edificaciones destaca “La Casa Lugar” o Ayuntamiento, céntrico
edificio que alberga las dependencias municipales, el Consultorio médico, “el
Salón” o centro de Reuniones y Bailes, el Bar (Centro social en
funcionamiento durante los fines de semana o período de mayor afluencia de
visitantes), la antigua carnicería, las antiguas escuelas (de niños y de niñas,
cerradas a principios de los 70) y la antigua vivienda del maestro.
La
Iglesia, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, es una
construcción ya existente en el siglo XV, reconstruida en el año 1836. Destaca
su magnifica edificación, que sobresale, imponente, sobre el conjunto de casas.
En
las afueras del pueblo, circundada por eras que en otro tiempo vieron las
trillas del verano, se halla la ermita, dedicada a la Virgen de la Soledad.
Sobre la piedra clave de la entrada, la inscripción con la fecha de 1689,
recuerda la historia que contienen sus muros.
El
Pairón, típico en todos los pueblos del Señorío, se encuentra en la
carretera a la salida hacia Tordellego (y al camino de Morenilla), y está
dedicado a San Antonio de Padua, patrón del municipio. Además de por su
estilizada figura, abierto a los aires de solano y ábrego del páramo, según
cuenta José Ramón Lopez de los Mozos en su libro “Pairones del Señorío de
Molina” (1996) se trata de una pieza de interés, próxima al siglo XVIII. Es
de piedra caliza, y consta de grada de tres peldaños de sección cuadrangular y
basa con moldura curva que soporta un fuste prismático liso, con huecos
rectangulares para incluir azulejos. En la parte superior, doble cornisa y edículo
con hornacina de arco de medio punto que alberga imagen de San Antonio de Padua,
y por encima nueva cornisa y cimacio prismático de lados curvos de arista viva,
cornisa suave y pirámide rematada en bola con cruz de hierro.
Fiestas
Además
de la fiesta patronal de San Antonio de Padua, el 13 de Junio, se celebra también
el día de San Roque, el 16 de Agosto, ya que, según la tradición, el santo
libró al pueblo de la intensa peste que acechaba todo el contorno. Esta
festividad, debido a su ubicación en la época de verano, cuando más
veraneantes acuden al pueblo, es el eje de la fiesta mayor de cada año,
sustituyendo o complementando la tradicional fiesta grande del día de San
Antonio.
Historia
Tal
como relata Claro Abánades López, en su libro “Tierra Molinesa” (1969), en
1295 se firmó la Carta Real de Sancho IV sobre la concesión de Anquela del
Pedregal a García de Quiñones. En sus proximidades existe un sitio denominado
las Navas, que fue bosque de caza del Infante don Alfonso el Niño, hijo de
Alfonso X el Sabio. También se encuentran las ruinas de un torreón que el rey
Don Sancho IV cedió a García Vigil de Quiñones.
El
General Cabrera estableció a 15 de diciembre de 1835 un hospitalillo para sus
tropas, lo que permitió rehacer al ejército carlista sus fuerzas, según
cuenta José Sanz y Sanz en su libro “El Partido de Molina y sus
advocaciones” (1982).
En
el siglo XIX fue explotada por una compañía francesa una cantera de piedra
litográfica situada a unos 800 metros del núcleo urbano, entre los parajes de
Carrecheca y la Escampiada, denominado el lugar “La Cantera”, de la cual se
encuentra una piedra que refleja este hecho en el Museo de Louvre de París, tal
como señala la Enciclopedia Espasa. De esta cantera, abandonada hace más de un
siglo, dan fe lápidas situadas en el Cementerio viejo del pueblo.
Bien
entrado el siglo XIX se produce la compra de la finca de monte privada “La
Matazuela” por parte de la mayor parte de los vecinos de Anquela del Pedregal
a la familia de los Cisneros. Esta gran propiedad, en los límites con los términos
municipales de Piqueras, Traid y Otilla, permitió a sus propietarios explotar
de manera privada los recursos naturales que ofrecía: pastos para el ganado y
carbón vegetal de la corta de encinas.
¿Por
qué Anquela la Seca?
A
Anquela del Pedregal se le llamó hasta entrado el siglo XX Anquela la Seca del
Pedregal, debido a la escasez de agua del antiguo manantial situado en el núcleo
urbano que abastecía a la población. Con el tiempo, este manantial fue
sustituido por el de “Fuente Mediana”, situado cerca del término de
Tordellego, inaugurándose la fuente pública en el año 1926. A partir de la década
de los 90, después de un tiempo prolongado de sequía, el pueblo se abastece
además del manantial de Fuente Mediana, por un acuífero situado cerca del núcleo
urbano, en el paraje del Hocino, y cuya extracción de agua se realiza desde
cientos de metros de profundidad.
Evolución
de la población
La
evolución de la población de Anquela del Pedregal sigue paralela a la evolución
de todo el Señorío de Molina. La constante emigración sufrida desde
principios del siglo XX se acentúa en la década de los 60, cuando muchos
naturales del pueblo se establecen en las grandes capitales: Madrid, Barcelona,
Valencia y Zaragoza.
El
cuadro siguiente muestra esta evolución:
|
Año |
Población
(Hab.) |
|
1797 |
150 |
|
1812 |
129 |
|
1835 |
203 |
|
1863 |
307 |
|
1935 |
272 |
|
1950 |
264 |
|
1970 |
92 |
|
1975 |
55 |
|
1981 |
35 |
|
1986 |
41 |
|
1991 |
21 |
|
1996 |
27 |
Economía
Agricultura
cerealista: cebada, trigo; también avena y centeno. Tradicionalmente las fincas
o “piazos” se dividían en dos partes o “pagos”, permitiendo el cultivo
y el barbecho alternativamente. La revolución del campo español, favorecida
por la concentración parcelaría y la mecanización de las labores agrícolas,
dejó hace más dos décadas obsoletas estas tradicionales prácticas del secano
castellano. Las últimas políticas agrarias, amparadas en directivas y ayudas
europeas para regiones de alta montaña, han hecho compartir este tradicional
paisaje de cereal con el cultivo del girasol.
Por
otra parte, la histórica ganadería de pequeños rebaños (fundamentalmente de
ovejas, pero también con algunas cabras) guardados en las “parideras”
diseminadas por el término, ha ido cambiando en forma de concentración en muy
pocos rebaños pero con muchas más cabezas de ganado cada uno.
En
invierno era tradicional dedicarse al carboneo, obteniendo carbón vegetal de
las cortas de monte de encina.
Lugares de interés
Junto
al casco urbano destaca una balsa natural denominada popularmente Navajo. Su diámetro,
variable según la época del año y el régimen de precipitaciones habido, no
es inferior a los cincuenta metros.
En
el camino hacia el poniente se encuentra el paraje de la Laguna, donde otra
balsa natural, con pozo incluido, resalta sobre el páramo. Un poco más
adelante la Peña del Tormo, dos bloques singulares de roca caliza situados al
final del llamado Barranco de la Hoz, contrastan con el resto del paisaje. No
lejos de allí, Pozo Ancho ha sido testigo de numerosas excursiones y lugar de
descanso de pastores y labradores.
Hacia
el saliente, otra balsa natural, la Lagunilla, rompe el paisaje de campos de
cereal.
El
término municipal, por otra parte, está sembrado de innumerables pozos
empedrados: Pozo de los Hoyos, de la Colmenilla, de la Tejera, de las Navas, de
Aldehuela, de los Cabezuelos, de la Malva, etc., algunos de los cuales bien
pueden ser un lugar de acampada para almuerzos o meriendas.
El
resto, del núcleo urbano hacia el sur, kilómetros cuadrados de monte de
chaparros se extienden por el páramo, llenando de oxígeno el frío y sano aire
de estas tierras molinesas. Destaca entre la multitud de encinas que componen el
monte algunos ejemplares centenarios, como es el caso de las dos encinas
denominadas “Las Mellizas”, que
se encuentran situadas a unos 1.500 m del casco urbano, en el paraje del
“Llanillo”. Más lejos, en el límite con el término de Piqueras, algunos
pinos sirven de anuncio de otros pinares que se extienden por la Sierra de
Molina.
No
fue un bucólico paisaje para los antiguos, modo de vivir austero a fuerza de
contrarrestar las duras condiciones de vida con el empeño que siempre puso el
hombre por abrirse paso en las dificultades. Sin embargo, para el ciudadano de
hoy, respirar estos aires, escuchar su silencio, caminar por estas tierras,
acaso sea un buen remedio para soportar mejor el artificio que rodea la
modernidad.
Página enviada por: José Antonio Malo Gaona
Fotos enviadas por el mismo autor:

Casa lugar

Iglesia

Vista

Pairon

Peña el Tormo

Las Mellizas
Para pernoctar: Casa rural el Losar