Altitud: 1.160 m.
Censo Habitantes: 32
Distancia de la capital: 121 Km.

Anchuela del Campo


 El lugar y sus gentes

Encontramos nuestro pequeño burgo en la misma carretera que desde Anquela del Ducado sale hacia Milmarcos, dejando atrás Turmiel y el cauce del río Mesa que sigue su camino por otros derroteros. Con los últimos soles de abril apenas se divisa en las afueras de Anchuela la sólida fábrica de su iglesia y un puñado de casas, nada más. Luego aparecerá un chopo copudo en la explanada, y, poco más adelante, una balsa redonda con tremendo barrizal donde bebe el ganado, un pozo antiguo con manivela, y una ermita que se hunde. El pueblo ha quedado atrás, a mano izquierda del camino.
Aunque la mañana acabó de entrar en toda su plenitud, la gente no ha salido a la calle todavía. Por las afueras del pueblo se siente el cacareo de las gallinas y el bullir estrepitoso de los tordos en el tejado de la iglesia. El coche lo dejo a la sombra de una casona antigua a la que han rejuvenecido, creo yo, excesivamente el porte. Como un islote de piedra tallada en medio del ocre mar de los encalados, resalta sobre la fachada de la casa el escudo heráldico de los Cubillas, ilustre familia anchuelana del siglo XVI, de la que nacieron eclesiásticos y militares de renombre.
Los agricultores que trabajan las tierras de anchuela, dicen que en los bajos que llaman Dehesa de la Cañadilla la tierra es de primera; que parte de su término son campos sin valor apenas, pero que en los llanos de junto al pueblo el terreno produce si se le cuida bien, aunque las temperaturas no corren en favor del campesino.
Nos hemos aproximado a la solanilla de la iglesia. La iglesia de Anchuela del Campo tiene una artística espadaña con tres vanos mirando al poniente, y un ábside a modo de triple tambor que la caracteriza. La iglesia está dedicada a San Miguel, cuya fiesta mayor celebran ahora a mediados de agosto.
Anchuela es en sus alrededores un pueblo de casillas de piedra que en otro tiempo sirvieron de pajar y de almacén de aperos. Ahora son mucho mayores, y nuevos en su mayoría, los almacenes en donde los cuatro agricultores guardan el grano, los abonos y la maquinaria de labor. Por el barranco de la Nevera se ve como fondo una buena faja de campo útil para la siembra; las vertientes que lo circundan, en cambio, son hoscas e improductivas.
El pueblo reposa tranquilo. Algún anciano ha salido a tomar el sol de la mañana sentado en silla de espadaña. En las casas sobre las que no cayó aún la piqueta del restaurador, se advierte sobre las puertas el típico tejadillo en ángulo para cortar el agua.

La historia
Este lugar fue reconquistado por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, en 1122, antes que Molina, y fue incluido en la Comunidad de Villa y Tierra de Calatayud, al igual que Milmarcos, incluyéndose después en la sesma del Campo del Señorío de Molina.
En la plaza del pueblo, al borde del camino real, se encuentra la gran casona de la familia Cubillas. Sobre su portada aparece, tallado en piedra, el escudo de esta hidalga familia, que consiste en un perro junto a un árbol, un castillo, y tres calderones más tres hoces, símbolos del poder y riqueza basados en la agricultura. El mayorazgo lo fundó, en 1585, Francisca de Cubillas, casada con Juan López. En el siglo XVII ostentaban este mayorazgo y ocuparon la casona Gregorio de Cubillas, y Simón de Cubillas. De éste nacieron varias hijas, cuatro de ellas monjas de Buenafuente, y otra transmisora del mayorazgo. Descendientes de esta familia, y también nacidos en Anchuela, en siglo XVII, fueron don José Martínez Malo y Cubillas, oidor de la Real Chancillería de Santa Fe de Bogotá; don Gregorio Martínez-Malo y Cubillas, capitán de infantería en el tercio de los Azules, que murió heroicamente en la guerra de Sucesión, en 1704, en el campo de batalla de Cillorico de la Veyra (Portugal) y don Alonso Martínez-Malo Cubillas, capitán de coraceros de Granada, murió también valerosamente en la misma guerra, en Oliana. Ambos hermanos formaron en el lado del Borbón Felipe, que mandó imprimir sus servicios. Las extensiones y riquezas de los Cubillas abarcaban gran parte del término de Anchuela y del ya desaparecido de Chilluentes, y en el siglo XVII poseían muchos miles de cabezas de ganado lanar.

El patrimonio
La iglesia parroquial tiene una portada renacentista, de simples y bellas líneas, con columnas y capiteles del estilo. El interior está desprovisto de interés. Sus casas son grandes, de piedra, con dinteles de enorme volumen, algunas talladas con símbolos religiosos, frases salutatorias, fechas y signos geométricos.

Fotos enviadas por Maribel Marco