| Altitud: 1.384m. Censo Habitantes: 46 Distancia de la capital: 175 Km. |
Adobes |
![]() |
El lugar y sus gentes
Adobes ya no es adobes, que ya es de
piedra, me dijo unas horas después de haber estado allí un
vecino de Piqueras. Yo diría algo más, piedra sí, pero piedra
colocada con elegancia, con sentido común, con un empeño
ejemplar por engrandecer su pueblo, y con dinero, con mucho
dinero por parte de los vecinos, de los que viven fuera y
también, supongo, por parte de las instituciones. Adobes, amigo
lector, allá por los perdidos aledaños del sur de Molina, por
aquellas serrezuelas que tiene al septentrión el arroyo
Piqueras, es en su categoría el pueblo mejor cuidado que
conozco.
Un largo barandal de rejería y murillos de piedra nos llevan
hasta el corazón del pueblo desde la entrada. Es todo ello como
un mirador hacia la riada de tierras de labor de la vega que
dicen del Pandero, y con la otra que corta en perpendicular y que
por allí conocen por los Quiñones. Al instante se llega a la
plaza que queda al pie mismo del campanario, airosa y elegante,
digna competencia en galanura e interés con la que viene a
continuación coincidiendo con el atrio de la iglesia, en cuya
margen izquierda se sitúan, una detrás de otra, las fachadas de
la iglesia de Santa Cristina, con bella portada renacentista, y
la del ayuntamiento, nueva y de corrido balcón. En medio, la ya
típica farola capitalina que adorna tantas de las plazas mayores
de nuestros pueblos.
Adobes, la antigua Adoveo que en sus anales menciona Zurita, es
pueblo alargado por situación. Sus casas, colocadas en línea
casi todas ellas, corren de levante a poniente en dos calles
paralelas y abalconadas, sobre un mar de campos donde los
sufridos labriegos en otra hora gastaron sus vidas a la busca del
merecido pan de cada día.
Al poco de haber entrado en Adobes, uno se da cuenta de que es,
además de todo lo dicho, un pueblo sano, de casas restauradas y
cómodas, de artística rejería al estilo de Alustante, y de
otras rodenas más antiguas labradas con esmero, con cierto
empaque señorial como corresponde a la tierra a la que
pertenecen. Le sobra luminosidad, orden, limpieza incluso, cielo
azul para dar y tomar al pueblo de Adobes, pero le falta gente,
aunque en pleno mes de agosto esa carencia apenas si se le echa
de menos.
Se cosechaban trufas, según alguien me contó en otro viaje que
hice al pueblo hará una docena de años; si bien, el campo y la
ganadería era por entonces su principal manera de vivir. Ahora,
tal vez ni aun eso siquiera. Tienen su fiesta patronal en honor
de Santa Cristina y de la Virgen de la Cabeza a mediados de
agosto; antes, se repartían las dos fiestas locales a lo largo
del año, una en el mes de septiembre y otra en abril. El hecho
de cambiarlas y de ponerlas juntas en un rinconcito del
calendario, se debe, como es fácil suponer, a que es la del
verano la única temporada en la que hay gente.
La historia
Su historia es común a todas las aldeas del Señorío de Molina,
habiendo sido formada en los inicios de la repoblación, a
comienzos del siglo XlI, cuando Manrique de Lara puso su empeño
en transformar este alto y yermo territorio en fundamento de una
rica comarca.
El patrimonio
Como edificio más señalado sólo cabe mencionar su iglesia
parroquial, construida en sillar y sillarejo, que orienta al sur
su puerta principal, obra realmente magnífica del Renacimiento,
con moldurajes repetidos, y una buena colección de hierros,
guardallaves y clavos en los batientes de sus puertas. A
occidente se alza la torre-espadaña. En su interior pueden
admirarse algunos retablos de estilo barroco popular. Esta
iglesia preside, junto a una olma concejil, la plaza mayor del
lugar, en la que también se levanta el curioso y clásico
edificio del Ayuntamiento.
Fotos enviadas por Eduardo González desde Argentina. Quiere contacta con gente de Adobes ó Piqueras porque desciende de éstos pueblos. Escribid a: